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Etiquetas diagnósticas, un mal de época

Es habitual en nuestros días escuchar diagnósticos nuevos -no tan nuevos- y también se ha vuelto costumbre rotular con los mismos a chicos inquietos o reservados como Trastorno de Déficit de Atención o como perteneciente al Espectro Autista. Muchas asociaciones profesionales se han pronunciado contra esta proliferación de etiquetas, muy perjudiciales para la salud mental de hijos y padres.


 
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Es importante señalar la prevalencia de una tendencia orientada a la rotulación (sin mayor criterio) de niños y adolescentes con un menú de etiquetas diagnósticas que, lejos de ayudar a solucionar conflictos expresados a partir de situaciones conductuales, incrementan las problemáticas que estos traen al no ser tratadas con un buen abordaje psicoterapéutico, lo que a veces requiere de la colaboración inter-disciplinar.

El Trastorno de Déficit de Atención con o sin Hiperactividad (TDA/H) es un rótulo muy escuchado actualmente, sin medir las consecuencias de su banalización. A veces, los niños no prestan atención en el colegio o en otros ámbitos educativos, incluso familiares, porque tienen sus pensamientos focalizados en otros asuntos que los capturan, por ejemplo miedos, violencias intra o extra domésticas, bullying...

Es cierto, a veces hay condicionantes biológicos, pero esto no sucede en la mayoría de los casos, produciéndose lo que se llama un exceso de "falsos positivos".

Esto tiene sus consecuencias, ya que muchas veces el abordaje implica determinados tratamientos farmacológicos que tienen efectos a largo plazo, ya que se produce una patologización innecesaria, al confundirse problemáticas y conflictos propios del proceso de evolución de la niñez a la adolescencia y de esta a la adultez, con enfermedades. 

Lo mismo sucede con el denominado Trastorno del Espectro Autista. Hoy escuchamos hablar livianamente de este espectro, lo cual llevado a extremos puede incluir no sólo el tratamiento inadecuado de situaciones conflictivas, sino también puede llevar a la desconección emocional de los padres con sus hijos, u otras alteraciones importantes en el vínculo intrafamiliar y con el afuera.

Debemos recordar la preeminencia de la persona como sujeto bio-psico-social, influido por su propia cultura, con sus mandatos y regulaciones. También hay que tener en cuenta que muchas veces se aplican etiquetamientos diagnósticos sin contemplar el contexto cultural o situacional de una persona.

Por todo esto, es importante tener claridad en la necesidad de pensar en la existencia de conflictos psíquicos que pueden resolver muchas problemáticas conductuales que, no son más que expresiones sintomáticas de sufrimientos psíquicos a transitar, elaborar y transformar en un espacio terapéutico apropiado.





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Es importante señalar la prevalencia de una tendencia orientada a la rotulación (sin mayor criterio) de niños y adolescentes con un menú de etiquetas diagnósticas que, lejos de ayudar a solucionar conflictos expresados a partir de situaciones conductuales, incrementan las problemáticas que estos traen al no ser tratadas con un buen abordaje psicoterapéutico, lo que a veces requiere de la colaboración inter-disciplinar.

El Trastorno de Déficit de Atención con o sin Hiperactividad (TDA/H) es un rótulo muy escuchado actualmente, sin medir las consecuencias de su banalización. A veces, los niños no prestan atención en el colegio o en otros ámbitos educativos, incluso familiares, porque tienen sus pensamientos focalizados en otros asuntos que los capturan, por ejemplo miedos, violencias intra o extra domésticas, bullying...

Es cierto, a veces hay condicionantes biológicos, pero esto no sucede en la mayoría de los casos, produciéndose lo que se llama un exceso de "falsos positivos".

Esto tiene sus consecuencias, ya que muchas veces el abordaje implica determinados tratamientos farmacológicos que tienen efectos a largo plazo, ya que se produce una patologización innecesaria, al confundirse problemáticas y conflictos propios del proceso de evolución de la niñez a la adolescencia y de esta a la adultez, con enfermedades. 

Lo mismo sucede con el denominado Trastorno del Espectro Autista. Hoy escuchamos hablar livianamente de este espectro, lo cual llevado a extremos puede incluir no sólo el tratamiento inadecuado de situaciones conflictivas, sino también puede llevar a la desconección emocional de los padres con sus hijos, u otras alteraciones importantes en el vínculo intrafamiliar y con el afuera.

Debemos recordar la preeminencia de la persona como sujeto bio-psico-social, influido por su propia cultura, con sus mandatos y regulaciones. También hay que tener en cuenta que muchas veces se aplican etiquetamientos diagnósticos sin contemplar el contexto cultural o situacional de una persona.

Por todo esto, es importante tener claridad en la necesidad de pensar en la existencia de conflictos psíquicos que pueden resolver muchas problemáticas conductuales que, no son más que expresiones sintomáticas de sufrimientos psíquicos a transitar, elaborar y transformar en un espacio terapéutico apropiado.






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